En estos días, el escándalo protagonizado por la cúpula directiva de la SGAE ha hecho que el ejecutivo se decida a eliminar el famoso canon digital. Muchos respirarán tranquilos ahora que la polémica entidad ha quedado en evidencia. La trama basada en una red de empresas "pirata" se ha aprovechado de un valor fundamental en nuestra sociedad como es el derecho de autor, para el lucro de unos cuantos. En la sociedad del conocimiento, y con el uso de las nuevas tecnologías, está claro que hay que establecer un nuevo marco de protección. Pero desde luego, no con el modelo sinsentido que proponía la SGAE.
Otra cuestión relacionada con la comunicación pasa algo más desapercibida. Un conflictivo cartel publicitario de una agencia de contactos especializada en infidelidades (su publicidad se dirige a mujeres y hombres casados), utilizaba la imagen del Rey, de Bill Clinton y de Carlos de Inglaterra, para promocionar su actividad con el lema "¿qué tienen estas realezas en común?". Por supuesto, el cartel gigante situado en la fachada de un edificio de la Gran Vía madrileña, fuera retirado en tiempo record. El director de comunicación de la firma, declaraba en un diario que "vivimos en un país democrático y con libertad de expresión y no hemos ofendido a nadie. El Rey es el Jefe del Estado pero también es un ser humano". Sin embargo, ¿hasta qué punto es lícito utilizar sin su consentimiento, la imagen de un personaje por público que sea? ¿Será Strauss Kahn el próximo en aparecer como imagen de esta agencia de contactos?
El caos propiciado por el movimiento 15M, los datos del paro de junio que no han sido tan esperanzadores como se pensaba, a pesar de la temporalidad de la época estival y las tres muertes de mujeres, víctimas de la violencia de género, que se han producido en las últimas 48 horas, preludian un verano "calentito" informativamente.
No hace mucho, Jaime Senprum publicaba el libro ¿Qué nos está pasando? Un título inquietante para un libro que ya adelantaba que si las cosas siguen así, mal vamos....