No cabe duda de que el debate televisivo de los candidatos a la presidencia es un acto mediático por excelencia. Este quinto cara a cara, protagonizado por Rubalcaba y Rajoy ha sido retransmitido por diez cadenas de TV nacionales, innumerables radios y medios digitales y escritos. De hecho, estaban acreditados en el Palacio de Congresos más de 600 periodistas.
Sin embargo, para cualquier observador de la comunicación, el gran impacto mediático del debate se ha producido en las redes. Twitter echó humo durante los 100 minutos que duró la emisión. Cuestiones que habrían pasado desapercibidas en los medios tradicionales, como el papel del presentador, fue comentado y criticado hasta la saciedad vía tuit. Los precios del evento, si Rajoy llevaba o no el pelo teñido y un sinfín de chascarrillos más o menos mal intencionados coparon la red. Curioso por ejemplo, que durante la retransmisión, Rajoy mandara tuits. Alguien lo descubrió preguntando, ¿dónde tiene escondido el móvil?
Más allá de lo que decían los periodistas o medios de comunicación, la opinión de las personas que conforman esta red, emitían sus comentarios, opiniones y sugerencias. Hablaban de lo que echaban de menos. Estoy segura por ejemplo, que los tuits que comentaban que Rubalcaba se dirigía a Rajoy como ganador de las próximas elecciones, hizo que después de la publicidad, cambiara de tono. Nada impidió sin embargo que Rajoy siguiera leyendo, algo por lo que se ha criticado mucho.
Es un hecho que las redes sociales se han convertido en un elemento más de comunicación, con un elevado poder de convocatoria y de influencia sobre todo, entre la población más joven. Si pueden influir en un debate, qué no puede pasar el día de las elecciones. El 20-N saldremos de dudas.